Palabras de Autoayuda


NUNCA PIERDAS LA ESPERANZA

La esperanza es una hermosa respuesta
a muchos interrogantes dificiles.
La esperanza, sólo pide que creas en ella.
La esperanza, quiere que recibas.
La esperanza es mantener alto el ánimo,
hasta que la ayuda llegue.
Cada vez que un día no resulta tal como lo planeamos,
la esperanza está allí, como una reconfortante
guía que ayuda a comprender.
La esperanza es un lugar callado y personal,
donde siempre puedes encontrar refugio.
La esperanza es la cálida y bienvenida convicción
de que las posibilidades maravillosas existen.
La esperanza, es todas esas fantásticas cosas;
basta saber que cuando lo único que te queda: es la esperanza.
TODAVIA ES MUCHO LO QUE TIENES !!!!




UNA SONRISA




Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho,
enriquece a quienes la reciben, sin empobrecer a quien la da,
no dura más que un instante, pero su recuerdo a veces es eterno.
Nadie es demasiado rico para prescindir de ella
y nadie es demasiado pobre para no merecerla.
Da felicidad en tu hogar y apoyo en tu trabajo.
ES EL SIMBOLO DE LA AMISTAD !!!.
Una sonrisa da reposo al cansado, anima a los más deprimidos;
no se puede comprar, ni prestar, ni robar,
pues son cosas que no tienen valor,
hasta el momento en que se dan y si alguna vez
tropiezas con alguién que no sabe dar una sonrisa más,
SE GENEROSO DALE LA TUYA;
porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa,
como el que no puede dárse la los demás.




DIFICIL ES LUCHAR POR UN SUEÑO


Fácil es exibir la victoria, dificil es asumir la derrota con dignidad.
Fácil es tropezar en una piedra, dificil es levantarte.
Fácil es prometerle a alguién algo, dificil es cumplir esa promesa.
Fácil es decir que amamos, dificil es demostrarlo todos los días.
Fácil es criticar a los demás, dificil es mejorar uno mismo.
Fácil es cometer errores, dificl es parender de ellos.
Fácil es llorar por el amor perdido, dificil es cuidarlo para no perderlo.
Fácil es pensar en mejorar, dificil es dejar de pensarlo y solamente hacerlo.






Leer, analizar ¿comprender el poema?


"Las obras literarias no nacieron para ser estudiadas y analizadas, sino para ser leídas y directamente intuidas." (Dámaso Alonso, 1950)


Qué gran verdad encierran las palabras del maestro: las obras literarias nacieron para ser leídas. Puertas hacia otros mundos y otras vidas, sólo piden la complicidad del lector para llevarle a los lugares que otros soñaron antes que él. Quien no se ha perdido en las páginas de un libro, quien no ha vivido ese momento mágico en que las palabras impresas se difuminan y cobran vida las imágenes, se hacen casi tangibles sus personajes, sus paisajes, sus historias, no sabe realmente en qué consiste el placer de la lectura.


En el caso del poema, los versos le piden algo más al lector que su complicidad: necesitan su voz para que surta efecto el hechizo y puedan liberar toda su magia de la cárcel de tinta y de papel en que la han encerrado. Vinculada en su origen a la música, la poesía sigue necesitando, hoy como ayer, la voz para volver a ser palabra viva, para resurgir igual que un ave Fénix de las cenizas del tiempo y traernos el ímpetu o el eco del sentimiento que dio vida a sus versos. En todo buen poema late aún, sepultado tal vez por los años, quizás adormecido por un largo silencio, pero vivo para quien sepa reconocer sus signos, el corazón tímido, apasionado, cínico, dolorido, burlón… ¿quién sabe? del poeta. Pero, ¿cómo encontrar el camino hasta él? ¿Cómo orientarse en ese laberinto de palabras que a muchos les resultan ajenas, si la intuición no puede acompañarte? A leer poesía, lector, también se aprende…


"Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
con cuatrocientos cuerpos diferentes
haber el hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen."
Jaime Gil de Biedma, "Pandémica y celeste"


Para saber de amor, de poesía, para aprender su música, hay que haberse perdido muchas veces en los signos extraños del verso, en sus pausas, sus rimas, sus ecos, sus silencios. Leer siempre en voz alta cada nuevo poema cuyos misterios quieres desvelar, recorrer sus palabras con la mirada atenta y deslumbrada de la primera cita, acariciar las sílabas con la voz algo incierta de quien recorre un cuerpo por primera vez y no conoce aún el contorno preciso de sus líneas, es necesario. Y releerlo una y otra vez, dejando que la mano invisible del poeta te guíe por sus versos, hasta que al fin conozcas cada pausa precisa, y escuches el eco de su voz en tu voz, y el poema sea, ya para siempre, un poco tuyo…


Palabra viva, antes que nada: eso es el poema. Si le prestas tu voz se hará el milagro y vendrá de puntillas, sin que apenas la oigas, la mágica intuición que revela en silencio, sin palabras, el verdadero sentido del poema. Sólo entonces, si aún quieres ahondarte más en él, perderte en sus entrañas y hacerte un poco música, y verso, y poesía, puedes dar otro paso y saltar, ya sin miedo, hacia el abismo del análisis. Pero que no te engañen: cuanto más profundices, cuanto más ahondes en el extraño mundo del verso, más querrás saber, y menos palabras necesitarás para entenderlo. Contarlo, sin embargo, es otra historia…

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